Cuando las cosas se ponen cuesta arriba

Published
01/05/2008

Mientras escribo estas líneas, si hay que darle crédito a la BBC, Armagedón está a la vuelta de la esquina. Las bolsas de todo el mundo han caído a niveles desconocidos desde el 11 de septiembre de 2001. Se nos cae encima el firmamento, económicamente hablando, y estamos condenados a entrar en una recesión prolongada en Norteamérica y Europa.

Incluso teniendo en cuenta la tendencia natural de los medios de dramatizar la crisis más leve, parece ser que debemos prepararnos para un período de vacas flacas hasta que nuestras respectivas economías adquieran una cariz más optimista. Esto puede tardar meses.

No puedo evitar una fuerte sensación de paramnesia. Esto lo he vivido antes.

En 1989, el Reino Unido entró oficialmente en recesión y, durante aproximadamente tres años, todo el mundo (incluyendo el gobierno) se limitaba a quejarse impotentemente mientras que las empresas recortaban gastos, las quiebras y los parados se multiplicaban, las casas se embargaban y los empresarios dejaban de correr riesgos. Llegado a este punto, yo llevaba siete años prometedores como organizador de eventos autónomo y estaba escasamente preparado para hacer frente a la situación.

Quizá todo sea distinto esta vez. Espero que sí, pero puede que sea prudente repasar lo que pasó la última vez y tomar algunas precauciones –sobre todo si diriges tu propio negocio–.

En el sector de reuniones y congresos, un cambio desfavorable de la coyuntura genera impactos de gran amplitud que a veces son inesperados.

En el sector corporativo, a medida que se reducen los beneficios, las empresas buscan el ahorro instantáneo. Hay empresas que han despedido a todo el personal de su departamento de eventos. Otras cancelan todas sus reuniones menos las esenciales o, en lugar de celebrarlas en Las Vegas o Miami, lo hacen en un hotel local. El gasto generado por los viajes es evidentemente vulnerable a los recortes.

En el caso de las asociaciones, en las que el gasto en reuniones es más discrecional, hay menos asistentes a medida que los miembros limitan sus gastos a lo esencial. Los organizadores han de apañárselas con menos ingresos procedentes de las inscripciones, así como con patrocinadores y anunciantes reacios. La pérdida de clientes se convierte en una preocupación constante.

Mientras que se encogen los presupuestos, los eventos se vuelven más cortos y magros y menos generosos. Se suprimen la recepción con champán, el traslado gratuito y los regalos de bienvenida.

Si persiste la penuria, es posible que las ciudades que dependen de los convention bureaus tengan que explorar nuevos mercados y captar más eventos organizados con poca antelación, y al mismo tiempo animar a sus hoteles a ser más flexibles en cuanto a precios.

Pero son las pequeñas agencias independientes que tienen más probabilidades de pasarlo mal cuando el dinero deja de fluir, sobre todo si dependen solamente de uno o dos clientes. La agenda de reservas se vacía de la noche a la mañana. Las buenas relaciones comerciales dejan de tener valor cuando el director de finanzas está buscando dónde hacer recortes.

La situación poco prometedora que he descrito no tiene porque convertirse en un panorama yermo.

Para empezar nos han avisado. Las recesiones no aparecen de la noche a la mañana, sino que se acercan sigilosamente. Hay tiempo para tomar precauciones.

Debes empezar por revisar tus propias operaciones y deshacerte de los depósitos adiposos que se han acumulado durante las vacas gordas.

También es hora de ser creativo. Pregúntate cuáles son los sectores que prosperan en los tiempos duros (como los contables y abogados, por ejemplo) y aquellos a los que no les afecta demasiado la restricción de crédito (tales como los contratistas de los cuerpos de seguridad, de las administraciones y de defensa) y orienta tus acciones de marketing hacia ellos.

Piensa en quiénes podrían sacar beneficio de nuestra mala situación. ¿Los chinos? ¿Los brasileños? ¿Los rusos? ¿Son mercados potenciales? Acaso iba siendo hora de realizar un estudio de mercado.

O hacer como yo y organizar una serie de seminarios locales titulados “Cómo sacar provecho de la recesión” para aumentar la liquidez durante los meses difíciles.

Y ¿qué papel debe desempeñar MPI cuando las cosas se ponen cuesta arriba? A mi parecer debe ofrecer orientación y consejos, así como hacer de mentor para los miembros más vulnerables y apoyar a los que se encuentran en apuros. Podría ser nuestro momento de gloria.

TONY CAREY, CMP, CMM, es escritor y asesor independiente. Para contactar con él envíele un correo electrónico a tonycarey@psilink.co.je o visite su sitio web www.tonycarey.info.

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