Tome un descanso maquinista ocho

Published
18/06/2009

¡Que año! Reuniones canceladas, despidos masivos, gripe porcina… ¿qué plaga nos tocará ahora: langostas? Es probable que muchos de vosotros hayáis elegido seguir trabajando este verano, posponiendo las vacaciones para mejores tiempo.

Michael Stipe, autor de la letra de las canciones de la banda de rock R.E.M., lo plasmó perfectamente: “Y el maquinista dice, nuestro turno de trabajo ha durado demasiado… tome un descanso maquinista ocho, maquinista ocho tome un descanso. Podemos llegar a nuestro destino, pero todavía nos queda un buen trecho”. Éste es mi mensaje para vosotros este verano: tomad un descanso o se os descarrilará la maquina el próximo otoño.

He aquí la historia de mi amigo Eric.

Eric llevaba menos de un año en su nuevo trabajo como vicepresidente regional de ventas de una empresa de leasing radicada en Seattle. En aquel entonces, las “puntocom” estaban siendo castigadas duramente por Wall Street, y a cientos de empresas “startup” (pequeñas empresas que se centran en las nuevas tecnologías) se les estaba agotando el dinero. El área en la que trabajaba Eric fue una de las que se veían más afectadas: Seattle, la Zona de la Bahía y el sur de California. Mientras que se producían despidos masivos en las empresas de la competencia y de las de los clientes de Eric, éste fue acosado por sus compañeros de trabajo con comentarios tipo “pollito Calimero” (o “Chicken Little” para los más jóvenes). Aquella primavera, el ambiente laboral estaba más negro que el tiempo; e igual de deprimente.

Pese a haber sido siempre una persona optimista, Eric no pudo resistir aquel ambiente, y para finales de 2001, sus compañeros le habían contagiado el miedo a la escasez. Empezó a temer por su empleo y la supervivencia de su familia. Cuestionó su compromiso; se preguntó si tenía suficiente talento, si le faltaba empuje. Incluso se sentía culpable de haberse divertido; pues, a su parecer, los problemas del sector “puntocom” residían en la “diversión”. Así que trabajó con ahínco, exprimiéndose para ser más productivo. Dejó de ir al gimnasio cada mañana, porque se sentía culpable cuando no estaba trabajando. Ya que el barco se hundía supuestamente, le parecía moralmente repudiable dejar la oficina a las 18:00 horas, así que se quedaba trabajando hasta tarde, perdiendo así la oportunidad de cenar con su mujer y sus dos hijos pequeños.

Canceló sus vacaciones estivales y empezó a trabajar los sábados. En lugar de acudir a la iglesia y a ver un partido de fútbol americano, dedicaba los domingos a sesiones maratonianas de correo electrónico.

Su productividad cayó con más rapidez que los índices bursátiles. Malgastaba horas releyendo la misma serie de pésimas cifras procedentes de una variedad de fuentes. Estudiaba detenidamente un sinfín de pronósticos negativas sobre la demanda de espacio para oficinas.

En algún momento de mayo de 2002, Eric entró en crisis. En primer lugar, su mujer le comunicó que iba a llevar a los niños a casa de sus padres durante el mes de junio. Luego, el jefe de Eric le entregó el informe anual sobre su rendimiento laboral que era todo menos perfecto. Incluso con todas las horas extras que había echado, no había realizado su trabajo principal; es decir, gestionar los resultados de sus informes directos. Al jefe de Eric le preocupaba que estuviera a punto de sufrir “burn out” y le ordenó que se tomara las dos semanas de vacaciones que le tocaban en verano.

Esta combinación de incidencias obligó a Eric a ver las cosas desde otra óptica. Se dio cuenta de que, si no se tomaba un respiro, iba a perder las dos cosas que más valoraba en el mundo. Decidió tomarse las dos semanas centrales de junio y convenció a su mujer para que se reorganizara para poder acompañarle, y se fueron al Cabo San Lucas, en México, para desconectar del mundo. Llegada la segunda semana de su retiro, empezó a ver con más claridad su papel en casa y en el trabajo. Era un líder, un motivador y, con suerte, un cultivador de alegría y éxito. Juró descansar los fines de semana, lo que incluía apagar el correo electrónico. Volvió a trabajar sólo en la oficina y a cenar en casa con su familia. Al principio le costó, pero cuánto más tiempo lograba seguir con su nuevo plan, más se dio de cuenta de que le proporcionaba una ventaja sobre sus compañeros de trabajo y los demás profesionales del sector.

Para el otoño de 2002, tenía un punto de vista optimista, además de energía para quemar. Su productividad subía vertiginosamente y el rendimiento de su equipo de comerciales superaba con creces el de la competencia. A pesar de que el mercado seguía hundido y era difícil vender espacio para oficinas, su equipo encontró el camino hacia el éxito.

Cuando, unos años después, el mercado rebotó y su empresa se fusionó con un conglomerado mucho más grande, Eric estaba preparado para aprovechar la oportunidad. Sus nuevos jefes le vieron como una persona enérgica, bien respetada y resistente. Escaló puestos y se convirtió en el vicepresidente de ventas. Actualmente, cuando su sector se enfrenta a otro vendaval, sigue allí en la cresta de la ola. Es uno de esos raros supervivientes del miedo a la escasez. Lo diagnosticó a tiempo, se tomó el remedio indicado y siguió con el plan a lo largo de los años.

He aquí mi plan de revitalización para el próximo verano:
1. Tómate al menos una semana de vacaciones antes del 1 de septiembre (si dispones del tiempo). No te quedes en casa; ve a alguna parte donde la naturaleza te permita olvidar el día a día.
2. Deja el portátil en casa. Llévate el móvil, pero da instrucciones precisas para que sólo te llamen en caso de emergencia. Sólo comprueba tu correo electrónico una vez cada dos días.
3. Descansa un fin de semana entero en algún momento de lo que resta del año. Ni mires tu correo electrónico, ni pienses en el trabajo.
4. Dedica una hora al día a hacer ejercicio y al autoaprendizaje.

Te prometo que para finales de 2009, te sentirás rebosante de energía y preparado para afrontar cualquier reto.

TIM SANDERS, uno de los ponentes más valorados del circuito profesional, es autor de World at Work: What Companies and Individuals Can Do to Go Beyond Making a Profit to Making a Difference (Doubleday, septiembre de 2008). Visite su sitio web: www.savingtheworld.net.

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