Siesta y Sol

Published
20/06/2008

Echo una cabezada en el coche durante los 45 minutos que tardamos en llegar a Granada. Thomas dice que ronco, lo cual dudo mucho. No obstante, este viaje es agotador: un largo viaje a través de las escarpadas tierras andaluzas, con lo que a mí me parecen incontables visitas a hoteles, operadores y convention bureaus, así como cenas con directores de hotel y comerciales. Thomas MacFarlane de Event Planner Spain –un inglés de unos cuarenta y pocos años con un humor seco, que lleva 17 años viviendo en Andalucía– hace de guía, conduciendo un coche de alquiler de cuatro puertas por un paisaje impresionante de peñascos, relucientes pueblos colgados en lo alto de las colinas, carreteras comarcales desiertas y aire impregnado del sol y de la aroma de los olivos, que sólo se puede encontrar a las orillas de las aguas tranquilas del Mediterráneo Occidental.

La fresca brisa de octubre es el complemento perfecto mientras viajamos de ciudad en ciudad en busca del alma de la región, sus lugares difícilmente accesibles, sus recónditas joyas. De lo que están hechos los sueños. O sea, lo intangible que hace que un viaje finito perdure, y que una reunión o un evento sea la experiencia de tu vida.

DOMINGO
Después de llegar a mediodía al Aeropuerto de Málaga, Thomas y yo visitamos el centro histórico de la ciudad –él ansia almorzar rápidamente y yo estoy impaciente por descubrir la ciudad–. Málaga es una localidad con carácter y de cambio. El centro abarca desde inmuebles en ruina y edificios históricos renovados hasta edificaciones nuevas de estilo vanguardista –lo que realza esa atracción primordial que tiene la ciudad. Su pasado como puerto importante para los moriscos primero y luego para los cristianos impregna las calles adoquinadas y las plazas populares y monumentos de la ciudad: la famosa Alcazaba, la impresionante catedral grecorromana, la Plaza de Toros, el Teatro Romano.

El guía local, Juan Antonio Rodríguez me enseña los secretos de la ciudad: el piso blanco y negro que fue el hogar de Picasso durante su niñez, la Catedral de Málaga (conocida como La Manquita), la Plaza de la Merced, los bares de tapas ocultos en las callejuelas frecuentados por personalidades nacionales e internacionales. En el Museo Picasso de Málaga, inaugurado en 2003, se exponen obras de este maestro del cubismo. En el subsuelo del palacio del sigo XVI que ocupa el museo, arqueólogos han encontrado restos del pasado de la ciudad –vestigios fenicios, romanos y árabes que datan del siglo VII a.C.–.

La Alcazaba, fortaleza romana del siglo II, se alza solitaria por encima de la ciudad y las ruinas del Teatro Romano del siglo II. El lugar fue el hogar de reyes –califas que reinaban sobre la ciudad que en aquel entonces se conocía como Malaqah. Los senderos serpentean a través de los pedregosos vestigios de una de las alcazabas mejor conservadas de España. Dentro del palacio de caliza, tres patios consecutivos conducen a la Torre de la Armadura Mudéjar, con su techo elaboradamente artesanado, sus columnas originales y las fenomenales vistas a la ciudad.

Como complemento a la experiencia morisca, Málaga posee unos decadentes baños árabes, El Hammam, ubicados en el centro de la ciudad. Son una réplica del hammamat islámico, compuesto de salas calientes, templadas y frías –todas calentadas por hornos subterráneos–, en un ambiente común que es a la vez solitario. También dispone de un espacio para masajes especializados.

A unas manzanas me alojo en el Hotel Molina Lario, que dispone de 120 habitaciones y ofrece unas vistas panorámicas del centro y la catedral. Hay seis salas de reuniones con suelos de mármol gris, revestidas con paneles de madera oscura acentuadas por blancas paredes, con capacidad para 250 personas. El restaurante Café de Bolsa sirve cocina de autor, y los clientes pueden pasar sus ratos libres en el solarium, la piscina, la terraza o el putting green, todos ubicados en la azotea. El hotel, que se inauguró en agosto de 2006, consiste de tres edificios –dos de ellos históricos, con fachadas originales del siglo XIX, y otro de nueva planta–.

LUNES
Me despierto con las mejores intenciones, pero el jet lag es tan bestial. Lucho por mantener los ojos abiertos mientras que nos dirigimos al Palacio de Ferias y Congresos de Málaga, que se ubica a mitad de camino entre el aeropuerto y la ciudad. Es un edificio magnífico de ángulos agudos, arquitectura vanguardista y altos y anchos ventanales de cristal brillante. Los colores son vivos, deslumbrantes. Inaugurado en 2003, el edificio es un reflejo contemporáneo de la larga tradición marítima de la ciudad. En el interior, salones decorados en diferentes tonos de amarillo vivo tienen capacidad para reuniones y eventos con aforo para hasta 2.000 personas.

Tengo tiempo para echar una cabezada durante el viaje de 45 minutos a Marbella, una ciudad a orillas del Mediterráneo con centros de turismo selectos y hoteles de cinco estrellas. De camino a la ciudad paramos para echar un vistazo al Hotel Torrequebrada de 350 habitaciones, que ocupa un lugar privilegiado en primera línea de playa en Benalmádena Costa, entre Marbella y Málaga. Conocido por su casino de lujo, el hotel también cuenta con un spa de 1.100m2 (que da a unos hermosos jardines subtropicales), 17 salas de reuniones, salones para banquetes con capacidad para 500 personas, cuatro restaurantes y dos piscinas exteriores. Todas las habitaciones disponen de terraza con fabulosas vistas al mar.

No hay tiempo para probar suerte en la mesa de póker, ya que Thomas está ansioso por respetar el programa, así que nos dirigimos velozmente hacia el poder, el dinero y el lujo que representa Marbella –el Hollywood de la Costa del Sol–.

Condominios, hoteles y palmeras en primera línea de playa, entre una exuberante vegetación, bordean las aguas celestes del Mediterráneo. En el centro de la ciudad sólo se ve el último grito en moda, tanto en los escaparates de las boutiques como en los cuerpos de los elegantes nuevos ricos europeos.

Almorzamos a orillas del mar en el Club de Playa, el restaurante terraza del Hotel Puente Romano de cinco estrellas gran lujo, que dispone de 274 habitaciones repartidas en 27 edificios de tres plantas, creando así una sensación de aislamiento. Tomo un ligero almuerzo andaluz: gazpacho acompañado con cava. Luego, paseamos por los jardines del hotel, que cuentan con 400 especies botánicas. El Tennis and Fitness Club de Puente Romano dispone de 10 pistas de tenis, sauna, cabinas de masajes y unos baños turcos, y el hotel comparte campo de golf de 18 hoyos con el Marbella Club Golf Resort –que, al inaugurarse en 1954, fue uno de los primeros establecimiento hoteleros de la zona–, que pertenece a la misma empresa.

África se deja entrever por encima del mar. Nos tienta la posibilidad de cruzar el Mediterráneo hacia Maruecos, pero nos espera el Crowne Plaza Hotel en Estepona (incluyendo un circuito en su centro de spa de más de 2.000m2). Con tan sólo 146 habitaciones, el hotel es imponente, como un gran crucero, con todos los balcones orientados hacia el mar. Pero es el spa que realmente impresiona. Me relajo en una piscina dinámica con cascadas y chorros de agua, antes de elegir un estimulante masaje de espalda encima de una cama flotante, seguido por un envoltorio de barro.

Cenamos en el Gran Hotel Elba Estepona, donde destacan sus opulentos espacios para eventos, su vestíbulo con paredes de color azafrán cubierto con un enorme techo de cristal. Las habitaciones disponen de amplios balcones que dan a una vasta piscina rectangular y, más allá, al mar azul. Dejo abierta la puerta de mi balcón mientras empieza a llover. La luna se refleja en el Mediterráneo para luego desaparecer detrás de las nubes. Me duermo con el sonido de la lluvia cayendo encima del mar.

MARTES
Completamos nuestra visita a Marbella antes de tomar la carretera hacia la provincia de Cádiz, un baluarte del turismo outdoor y lugar ideal para la práctica de senderismo y para montar a caballo. Primero tenemos que visitar el famoso Gran Meliá Don Pepe, que invita a sus clientes a “ver y ser vistos”, sobre todo en Calima, célebre restaurante con una estrella Michelín dirigido por el reconocido chef Dani García. El Meliá ha sido diseñado para el relax de lujo y, con razón, saca el máximo provecho de sus jardines y playa. Al lado de la piscina, las fabulosas camas de día con mullidos cojines y un entorno privado son una tentación casi irresistible.

Pero la principal atracción matutina es Greenlife Golf, ubicado en una zona residencial en lo alto de las colinas, entre Marbella y Fuengirola. El lugar, que tiene una amplia oferta de actividades outdoor, dispone de alojamiento de lujo. Sus 17 apartamentos, todos equipados con cocina y mobiliario de corte vanguardista, destacan por su luminosidad y sus vistas al campo de golf de nueve hoyos. Un moderno campo de prácticas de dos niveles da a los montes multicolores detrás. Vídeo, dos máquinas de entrenamiento Explanar y cinco profesionales multilingües prometen corregir cualquier swing. No obstante, la verdadera joya de Greenlife es su gastronomía. Con una decoración moderna y una estrella Michelín, el restaurante El Lago sirve cenas suntuosas.

Mientras atravesamos de este a oeste la campiña andaluza hacia Cádiz, entro en un duermevela. Pasamos docenas de pequeñas ciudades y pueblos, con sus edificios encalados y calles adoquinadas, trepando por las laderas de los montes. Vejer de la Frontera es un ejemplo perfecto. Reconocido como monumento nacional en 1978, el pueblo evoca las raíces islámicas de la región, con murallas medievales con torreones, antiguos mercados, patios y entradas. Visitamos a Cristina García y Francisco Javier Sánchez de Nature Explorer, agencia de actividades outdoor. Ambos son jóvenes, deportivos y morenos, y están deseosos de compartir con nosotros las maravillas del senderismo y de la ornitología en cualquiera de los tres parques naturales de la provincia.

La oferta de Nature Explorer abarca casi todas las actividades outdoor imaginables –desde piragüismo en Los Alcornocales hasta submarinismo en el Estrecho de Gibraltar–. En el Parque Natural de la Breña y Marismas del Barbate, la empresa organiza juegos de orientación y rutas de mountain bike o 4x4 para grupos. Las olimpiadas de playa también son una actividad popular, y Nature Explorer lo organiza todo, incluyendo el transporte, el alojamiento, la manutención, además de las actividades.

El cambio es evidente mientras conducimos del bucólico Vejer al puerto de Cádiz, ciudad fundada hace 3.000 años que se ubica en la costa atlántica. Es aconsejable aparcar antes de adentrarse en el estrecho entramado de calles peatonales, mercados y restaurantes, que huelen a salitre. Cádiz es un sueño, un puerto que mira hacia el Atlántico y el pasado. Miro por encima del mar y veo a Magallanes zarpar hacia las Islas de las Especies. Es difícil relacionar este pasado con el Cádiz de hoy en día: su palacio de congresos, sus 40.000 camas hoteleras, sus establecimientos de cuatro y cinco estrellas.

Cenamos en El Faro, un renombrado restaurante local, antes de regresar al Hotel Spa Senator Cádiz, escondido en el centro histórico de la ciudad, que tiene aspecto de ser simplemente otro edificio hasta que franjeamos el umbral. El vestíbulo es un gran patio con suelo de mármol, fuentes, plantas y arcos. Las dos salas de reuniones del hotel tienen capacidad para 120 personas, y en el sótano el spa oferta 75 tratamientos. Antes de su renovación en 2006, fue habitado por una familia. Ahora, las habitaciones dan a estrechas calles muy transitadas y una casa de vecindad abandonada habitada por ocupas. La ciudad suda y le da igual; es un lugar descaradamente auténtico.

MIÉRCOLES
Enfrente de las aguas tranquilas del Atlántico, el Palacio de Congresos y Exposiciones de Cádiz es un museo de bellas artes locales, con paredes revestidas de madera clara, arcos, columnas y altos techos abovedados. Dispone de banda ancha pero las paredes son demasiado gruesas para Wi-Fi. Construido en 1740, antes de convertirse en un refinado centro de reuniones con salas de exposiciones, auditorios, restaurantes y salones –todos los cuales retienen un vestigio de historia, rumores e historias sin contar–, fue una fábrica de tabaco.

Nuestra guía se llama Dori Núñez, cuyos conocimientos de Cádiz son vastos. Impacientemente comparte con nosotros los misterios milenarios de la ciudad, su pasado romano y árabe. En la Plaza de San Antonio tropezamos con un casino, inaugurado en 1844. Una vez dentro nos encontramos en un vestíbulo de estilo morisco, una obra de arte cuya elaborada decoración incluye paredes revestidas de azulejos y suelos de mármol, patios y altas claraboyas. La oscura biblioteca del Casino Gaditano puede acoger grupos de hasta 220 personas. Los salones en la segunda planta, adornados de espejos del siglo XIX, paredes con molduras decorativas, arañas de cristal antiguas y suelos de madera, son una invitación para cenar.

Paseamos por el Parque Genovés, que corre paralelo al océano, siguiendo un ancho sendero de albero a través de las buganvillas, los eucaliptos y los cipreses hasta llegar a un teatro al aire libre y una serie de fuentes. Un lago con una cascada atrae a los patos y gansos. No quiero marcharme pero prima el programa y nos esperan los caballos.

A media hora en coche de Cádiz, cerca de Jerez de la Frontera, se encuentra un cortijo encantador que se extiende sobre hectáreas de tierra polvorienta y soleada. La Peñuela y otra finca, Fuente Rey, pertenecen a los Bohórquez, conocidos criadores de caballos y toros bravos y una de las dinastías más antiguas de Andalucía. No soy aficionada a las corridas de toros, pero entiendo el valor intrínseco de esta finca, con su patio adoquinado, su entrada engalanada de vides, sus naranjos y su plaza de toros (ideal para eventos). Los propietarios organizan paseos en carruaje, senderismo y rutas a caballo por esta bella extensión de la campiña andaluza.

Conducimos en dirección este, hacia Granada –una ciudad que rezuma historia y donde se ubica una de las principales maravillas de España, esa hazaña arquitectónica que es La Alhambra. Pasamos la noche en el extenso La Bobadilla Gran Lujo, ubicado en el corazón de Andalucía y rodeado de olivos. Una serie de bucólicos jardines, patios, fuentes y senderos invita al reposo y a la retrospección. El hotel, que ocupa una finca de 350 hectáreas de campo virgen, ofrece a los grupos la posibilidad de practicar casi cualquier actividad al aire libre –desde bicicleta de montaña y 4x4 hasta tiro con arco y paintball. Otras actividades que se organizan bajo techo en este lujoso hotel incluyen clases de cocina y catas de aceite de oliva. El restaurante El Cortijo sirve platos regionales en un ambiente que es a la vez sofisticado y rural. Las suites del hotel son todas únicas, destacándose por sus amplias terrazas y enormes bañeras.

JUEVES
Me despierto con el sonido de los pájaros. Subimos las calles empinadas de Granada hacia la Fundación Rodríguez-Acosta, que se ubica en el carmen del gran artista andaluz, José María Rodríguez-Acosta. El edificio data de 1914, y sus jardines se extienden ladera abajo varios pisos. La residencia de artistas de la fundación abrió sus puertas en 1960 y alojaba a estudiantes de bellas artes que se encontraban realizando la carrera en Granada. Hoy en día, artistas, escritores e investigadores internacionales tienen acceso a las residencias, la biblioteca y las colecciones de arte de la fundación. El vestíbulo con suelo y columnas de mármol, en el que se exhiben obras de arte moderno, es el lugar ideal para organizar cócteles y recepciones, al igual que la biblioteca en la primera planta, con su suelo de gres blanco y negro, arte asiático y esculturas varias.

En la puerta de la fundación nos encontramos con María Angustias, que nos lleva al barrio del Albayzín. Visitamos la Plaza Larga y nos adentramos en estrechas y sinuosas callejuelas. Nos damos cuenta de la sencillez de las iglesias –levantadas económicamente y a contrarreloj para sustituir a las mezquitas, después de que los Reyes Católicos echaron de la ciudad a Boabdil en 1492. María nos lleva cuesta abajo por las callejuelas inclinadas de Granada, pasando por delante de la catedral y la Capilla Real, y nos adentramos en los atestados mercados peatonales de la ciudad.

Contemplamos la silueta de La Alhambra, nebulosa bajo el sol de la tarde, por encima de las bajas murallas pedregosas de la ciudad y el río Darro. Nos encontramos en una zona de cuevas naturales, equipadas con todas las comodidades y habitadas por algunos de los residentes más acaudalados de la ciudad. La Chumbera dispone de un entramado de cuevas acondicionadas para reuniones y banquetes, así como de una terraza exterior que ofrece fenomenales vistas a La Alhambra.

Proseguimos hacia la Puerta Real de España, la moderna zona comercial de la ciudad, cerca de la que se encuentra el Palacio de Exposiciones y Congresos de Granada, que luce enormes ventanales con cristal de espejo. Los auditorios del palacio destacan por sus asientos lujosos, equipados con mesa y equipo de traducción simultánea. Pero lo más remarcable del palacio es el anfiteatro de Carlos I, con aforo para 1.400 personas, una maravilla ubicada en la azotea que ofrece vistas panorámicas de la ciudad y dispone de una amplia veranda (para cócteles para hasta 3.000 invitados).

Después de una cena íntima en el popular mesón La Pataleta, me retiro al original hotel AC Palacio de Santa Paula, compuesto por tres edificios distintos: un convento de mediados del siglo XV, una casa árabe del siglo XIV y un edificio de finales del siglo XVIII que da a la Gran Vía. El convento tiene una biblioteca, un restaurante y una capilla, y 15 habitaciones en la planta superior, dispuestos alrededor de un patio central con arcadas y una fuente. Del mismo modo, las 16 habitaciones de la Casa Árabe, que se distinguen por sus techos artesonados y elementos árabes originales, dan a un patio interior. El edificio de Gran Vía, que luce una decoración contemporánea y mosaicos de azulejos, cuenta con 44 habitaciones.

VIERNES
La última vez que estuve aquí fue hace más de diez años y me da la impresión que La Alhambra me emociona más ahora que en aquél entonces. Este palacio de sultanes, construido por ibn al-Ahmar, fundador de la dinastía Nazarí, data del siglo XIII. Durante los varios siglos que los nazaríes reinaron en Granada transformaron la ladera del monte en una maravilla de arquitectura árabe con una alcazaba y palacios, ornadas paredes, esculpidas columnas y arcos, decadentes jardines y baños y un complejo sistema de irrigación para los verdes jardines del Generalife.

Pasamos en silencio la hora y media que tardamos en regresar a Málaga, meditando sobre nuestro encuentro con el pasado morisco de España. En Málaga almorzamos en El Palo Cortado con Francisco Quereda Rodríguez de Málaga Convention Bureau y Alberto Rojas de España Incoming & Incentives. El restaurante es elegante y luminoso y disfrutamos de un ligero almuerzo mediterráneo acompañado con cerveza local. La conversación es sincera, centrándose en los recientes avances de la ciudad en materia de turismo, la llegada del AVE desde Madrid (en diciembre de 2007) y los cuatro vuelos directos por semana a Nueva York (comenzando este mes).

Pasamos la última noche en el Gran Hotel Guadalpin Marbella & Spa, un magnífico establecimiento de cinco estrellas, con paredes blancas cubiertas de hiedra y una enorme piscina a pocos minutos a pie del mar. Las suites, que disponen de mobiliario de madera y espaciosas terrazas con jacuzzi, me parecen familiares. Las salas de reuniones, que dan a la piscina, son luminosas. Cenamos en Mesana, moderno y elegante restaurante ubicado en el hotel, cuyas mesas son impecables; saboreo la gastronomía del sur de España (y excelente champán francés) antes de acostarme. Sueño felizmente con que la semana está a punto de comenzar.

SÁBADO
Me despierto a las cuatro de la mañana. Sigo soñando, pero mi vuelo a Madrid sale a las 07:45 y no puedo perderlo. Abrazo a Thomas en el aeropuerto y, en un abrir y cerrar de ojos, se ha marchado. ¡Oh, Andalucía! Una arquitectura e historia tan ricas, centros históricos tan genuinos y pueblos blanco tan prístinos, lugares tan acogedores para el turista y corrientes culturales ocultas tan profundas. Mi visita a esta región ha sido brillante, llena de descubrimientos personales y tangibles, de variados usos culturales e historias apasionantes. Me marcho, pero estos momentos perdurarán para siempre.

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