Manteniendo la calma

Published
30/11/2011

El éxito o fracaso de un evento depende totalmente de ti. No hay presión, ¿verdad? Incluso si eres más resistente que la mayoría, el estrés de la vida cotidiana, combinado con la tarea titánica de planificar y realizar un evento puede constituir un desafío. Desde luego podrías escaparte a un spa, encontrar tu Zen con un paseo en el bosque o practicar la respiración profunda, pero algunas técnicas de gestión de estrés menos conocidas quizá te ayuden mejor a ser la personificación de la calma bajo las presiones del trabajo.

Aprovecha tus fortalezas. Vivimos según la cita de Winston Churchill: "No planear, es planear para el fracaso". Pero ¿planeas la forma en la que trabajas? Todo el mundo tiene fortalezas y debilidades y, si te conoces a ti mismo, esto puede ayudarte a trabajar de forma más efectiva y a gestionar tu nivel de estrés. Tal vez tengas un muy buen trato con la gente, pero que no seas la persona más idónea para revisar a fondo un contrato. Según Marcus Buckingham, autor de Vaya y ponga sus fortalezas a trabajar, la gente más afortunada tiene la oportunidad para decir diariamente: "Hoy he tenido la oportunidad para hacer lo que hago mejor". Piensa en cuáles son tus fortalezas, aprovéchalas y no te preocupes por tus debilidades; delégalas.

"La gente cree que necesita ser polivalente porque la sociedad nos ha transmitido este mensaje desde que éramos colegiales. En su lugar, necesitamos cambiar nuestro enfoque y preguntarnos qué es lo que funciona bien y cómo podemos explotarlo", dijo Buckingham.

Cuando optimices tus fortalezas en el trabajo, te sentirás equilibrado. No te estresará el hecho de no dominar áreas específicas porque serás lo suficientemente autoconsciente para delegar proactivamente.

Procura no dejar que te abrume el trabajo. Existe una expresión que dice que lo más estresante es el trabajo sin terminar. Este tipo de trabajo es mentalmente exigente y simplemente estresante. En lugar de sentirte abrumado e intentar realizar muchas tareas menores a la vez –una tendencia humana natural – cómete el sapo primero. En las palabras de Brian Tracy, autor de Tráguese ese sapo: "Si lo primero que haces cada mañana es tragarte un sapo vivo, podrás pasar el día con la satisfacción de saber que ha sido probablemente lo peor que te ha podido pasar en toda la jornada".

Te preguntarás cuál es tu sapo. Es la tarea más grande e importante que tienes pendiente y la que probablemente tenga más visos de ser postergada si no la abordas inmediatamente.

"También es la tarea que puede tener el mayor impacto positivo en tu vida y resultados en ese momento", explicó Tracy.

Por lo tanto procura ser productivo y no solo activo. A menudo nos auto engañamos al creer que estar atareado es sinónimo de ser productivo. Es una forma de procrastinación en la que te atareas con pequeñas cosas mientras que, a sabiendas, no avanzas con las cosas más importantes. Cómete el sapo temprano y verás cómo tu productividad se multiplica.

Haz ejercicio por la mañana. De acuerdo, se trata de una recomendación que habrás oído antes. Según Chris Freytag, un entrenador personal y colaborador de la revista Prevention, el ejercicio ayuda a disipar las hormonas del estrés y fomenta la liberación de endorfinas que te dan una sensación de bienestar. Además, el ejercicio te ayuda a reducir la tensión y a tener la mente despejada.

Comprométete a hacer ejercicio por la mañana. La gente que lo hace tiende a ser más productiva porque despeja su día. Si ahorras energía para hacer ejercicio más tarde, puede que ese "más tarde" no acontezca. Además es mejor recibir una inyección de energía y moral por la mañana para que puedas aprovecharla durante todo el día.

Gestiona tus expectativas. He aquí por qué debes enterrar tu perfeccionismo, por mucho que creas que te viene bien. Las dificultades siempre surgirán. El saber y aceptar simplemente que algunas cosas no saldrán como planeadas puede ayudarte a descargar una enorme cantidad de presión y estrés. Imagina que pasaría si te hundieras con la más mínima desviación de tu plan. Se pueden controlar todas las variables, pero en plena celebración del evento no debes predisponerte a la decepción albergando esperanzas de que todo salga exactamente como planeado. Si te permites un margen de maniobra para errores –y si tienes la confianza de poder manejar las situaciones difíciles–, podrás controlar tu nivel de estrés. Prepárate para cualquier eventualidad a fin de evitar dolores de cabeza innecesarios y ten un plan de contingencia… no esperes que todas las personas en las que delegas entregue exactamente lo prometido. No pasa nada.

Identifica lo que te recarga las pilas. Si estás agotado, no podrás gestionar evento alguno con efectividad. Además de las siete horas de sueño que recomiendan los expertos, tómate una pausa cada semana para recargar pilas. Algunas personas lo consiguen con actividades solitarias, como leer un buen libro, hacer anotaciones en un diario, ir a hacer footing o simplemente sentarse al aire libre para disfrutar del sol y el aire fresco. Otras personas necesitan desfogarse y recargar las pilas rodeadas de mucha gente, disfrutando de una salida nocturna con los amigos o participando en una actividad con toda la familia. Dedica tiempo conscientemente a recargar las pilas. Identifica el tipo de actividad –introvertida o extrovertida– que mejor funciona para ti e inclúyela en tu agenda.

Visualiza la ejecución perfecta. Para los organizadores de eventos, la preocupación por lo que puede salir mal es a menudo una de las principales fuentes de estrés. Está bien saberlo, pero de todos modos hay que centrarse en la ejecución perfecta. Repasa el evento en tu mente tal y como te gustaría que saliera. Según Assaraf, experto en el entrenamiento cerebral y autor de La respuesta, la visualización es una técnica poderosa.

"Los pensamientos lo crean todo", dijo Assaraf. "Pero es aquí donde reside el problema: la mayoría de la gente pasa el tiempo pensando en lo que no quieren y preguntándose por qué sucede una y otra vez".

Para que tu evento sea un éxito, visualízalo como tal.

"En un sentido muy real y concreto, tus creencias no reflejan simplemente tu realidad, sino que la crean", explicó Assaraf. "En tanto que todo empieza con una idea y una perspectiva muy clara de lo que quieres, no puedes limitarte a visualizar y a esperar a que las cosas ocurran. Requiere trabajo para hacer realidad tu visión".

¿Cómo hablas contigo mismo? Puede que te suene raro, como si tuvieras que repetir mantras o afirmaciones positivas, pero es de veras una de las cosas fundamentales que puedes hacer a diario para gestionar el estrés. ¿Cuál es el diálogo activo que se repite en tu mente? ¿Aumentas tu nivel de estrés centrándote en lo que no está saliendo bien o por tener poca confianza en ti mismo? O ¿mantienes la calma diciéndote a ti mismo que puedes con lo que te echen? Lo que piensas determina cómo te sientes. Además, en lo que centras tu mente determina tu enfoque. Si te centras en lo que puede salir mal, puede que ocurra. Así que céntrate en lo que puede salir bien y ten confianza en ti mismo y en tu capacidad para lograr tus propósitos.

Construye una caja de preocupaciones. Según unos investigadores de la Escuela de Medicina de Harvard, "todo mundo se distrae con las preocupaciones e inquietudes, pero a veces las preocupaciones pueden desbordarse y afectar tu día. Si cuentas con un lugar donde contenerlas –literalmente–, esto puede ayudarte a aparcarlas". Los investigadores recomiendan que se busque una caja y, después de apuntar las preocupaciones en Post-it o en trozos de papel, se las metan dentro de ella. El hecho de depositar esas notas en la caja te permitirá soltar –mentalmente hablando– tus preocupaciones; al menos durante el día. Se cree que la preocupación es una de las emociones más inútiles porque no cambia nada; sólo hace que te sientas mal. La caja de preocupaciones puede ser beneficiosa porque pronto descubrirás lo que no debe preocuparte. Cada vez que gestiones un nuevo evento, con suerte podrás soltar una nueva preocupación.

Visualiza una cascada. Puede que te rías, hasta que lo pruebes. Según Jack Canfield, autor de la serie Sopa de pollo para el alma, una magnífica manera de mitigar el estrés consiste en imaginar que estás dentro de una cascada, donde no te pueden afectar las cosas negativas porque se las lleva directamente el agua. Esta técnica te ayudará a relajarte y, cuando alguien diga algo que normalmente te produciría el estrés, podrás utilizarla para que el comentario se pierda en las aguas de la cascada. ¡Serenidad ahora!

Puede que sea difícil decir a un organizador de eventos que no puede controlarlo todo; aunque nadie es capaz de lograrlo, por muy capaz que sea. Debes aspirar a controlar lo controlable. Olvídate del resto y soltarás una gran cantidad de estrés y ganarás en claridad mental para dar lo mejor de ti mismo. One+

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