Las cuestiones de privacidad en torno al uso de los escáneres corporales son de escasa prioridad para los turistas de negocios

Published
06/02/2010

Los turistas de negocios tienen muchas otras prioridades: vuelos puntuales, el transporte seguro de equipajes, procedimientos de seguridad más cortos, etc. Así que es más que probable que las cuestiones de privacidad en torno a la implantación de escáneres corporales en los aeropuertos ocupen un lugar no muy prominente en la lista de deseos de estos viajeros.

Sin embrago, después del atentado frustrado de diciembre de 2009 en el vuelo de Ámsterdam a Detroit, Minnesota, según parece los defensores de la privacidad acapararon demasiado atención en los medios, donde se les permitía expresar su desaprobación del uso más generalizado de los escáneres corporales por parte de la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA) estadounidense. Es una crítica sin fundamento. El uso de la tecnología de imágenes para procedimientos de seguridad es opcional y las cuestiones de privacidad fueron abordadas previamente.

Existen dos tipos de tecnología para escáneres corporales: la de ondas milimétricas, que funciona por energía de radiofrecuencia (L3 Provision, Woburn, Massachusetts), y la de retrodispersión, que utiliza rayos X de baja energía (Rapiscan Systems, Hawthorne, California). Ambos sistemas son seguros, según la TSA. Además, el uso estándar de tecnología de rayos X está por mucho dentro de los niveles permitidos, según el Consejo Nacional de Mediciones y Protección contra la Radiación (Comentario Nº 16, diciembre de 2003), Bethesda, Maryland.

Los escáneres de rayos X se utilizan actualmente para inspeccionar equipaje, paquetes, carga, vehículos y equipos industriales y mineros. Y a la gente se le somete a escaneos por motivos de seguridad en muchos lugares.

Es importante darse cuenta de que actualmente sólo se emplean 40 de los nuevos escáneres corporales en 19 aeropuertos de los EE.UU., así que se trata todavía de algo nuevo de uso limitado.

El pasado otoño, la TSA confirmó su plan para adquirir otros 150 escáneres de retrodispersión. La portavoz de la TSA, Sarah Horowitz afirma que hay fondos para comprar otros 300 escáneres, pero el plan para su instalación no ha sido concretado aún.

Consideremos el reto que afronta la TSA: más de 620 millones de pasajeros viajaron en vuelos nacionales en los EE.UU. desde noviembre de 2008 hasta octubre de 2009, y otros 88 millones tomaron vuelos internacionales durante el mismo período, según la Oficina de Estadísticas de Transporte. Estos viajeros pasaron por aproximadamente 1.580 detectores de metales en todo el país.

Cuando se aumenta la seguridad aeroportuaria –y medidas de seguridad adicionales ya han sido implementadas en los aeropuertos estadounidenses–, a los turistas de negocios y a otros viajeros les preocupan más las largas esperas en los controles y si esto podría perjudicar la puntualidad de los vuelos.

El debate debe centrarse en el tiempo adicional que requiere la tecnología de imágenes frente a los detectores de metales que se emplean actualmente. Horowitz afirma que la TSA está llevando a cado una evaluación para identificar qué configuraciones de seguridad permitirán el uso óptimo de escáneres corporales.

Lo positivo es que, si sólo tarda unos segundos más, quizá ayude a mantener un buen flujo de pasajeros para evitar los actuales atascos cuando se lanzan a por sus objetos personales después de pasar por los controles. ¿Cuántas veces te han apartado a codazos personas que quieren calzarse rápidamente o mientras sacan sus cosas de las bandejas de plástico?

Desde diciembre, el aumento de la seguridad para los viajeros internacionales que vuelan hacia los EE.UU. se ha traducido en más medidas, incluyendo “cacheos” e inspecciones de todo el equipaje de mano en las puertas de embarque, a veces causando retrasos en las salidas de tres horas o más. ¿De veras cree la gente que una imagen en 3D es el problema de seguridad aeroportuaria más acuciante?

Mientras que se sigan activando las cámaras de seguridad y guardando las cintas, la mayoría de los viajeros tendrán que asumir el hecho de que, al llegar al aeropuerto, habrá poca o ninguna privacidad.

La TSA ha explicado que las imágenes que captan los escáneres corporales se destruyen inmediatamente. ¿Es el mejor enfoque? Es decir, si alguien lograra burlar las medidas de seguridad con una sustancia o arma sin detectar, ¿no querríamos que se indagara en los archivos para descubrir quién había cometido el error? ¿Se deben guardar las imágenes durante 24 o 36 horas; el tiempo suficiente para investigar si fuera necesario?

Puesto que la cuestión de privacidad en torno a los escáneres corporales es de poca importancia, los viajeros están acaso haciéndose eco de su irritación con medidas de seguridad aeroportuaria que tienden a cambiar reactivamente según la última amenaza.

Descálzate. Saca el portátil de su funda. Recuerda la regla 3-1-1 (3 onzas, 1 litro, 1 bolsa de plástico transparente). Accede al cacheo adicional. Abre el equipaje de mano para que lo inspeccionen. Lo último: se ruega que te posiciones dentro o al lado del escáner corporal, con los brazos en alto.

Desde luego, las recientes meteduras de pata en materia de seguridad por parte de la TSA en los aeropuertos regionales de Nueva York tampoco han inspirado mucha confianza.

A los viajeros de negocios les importa su experiencia en el aeropuerto, pero la invasión de su privacidad que suponen los escáneres corporales no es su principal preocupación.

Radicado en Chicago, Rob Hard es periodista independiente especializado en turismo de negocios y editor de BusinessTravelDestinations.com, que ofrece miradas a destinos internacionales desde la perspectiva del turismo de negocios y una guía sobre la planificación de eventos para About.com. También es fundador de RH Communications, Inc., empresa boutique de diseño gráfico, soluciones de imprenta, artículos promocionales y servicios de marketing. Para contactar con él envíale un correo electrónico a editor@rhcommunications.com o una carta a PO Box 4405, Chicago, IL USA 60605.

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